#Nueva York| Una pareja de lesbianas demanda a la clínica de fertilidad porque tuvieron un niño y no una niña.

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Tengo que confesar que cuando leí el titular de esta noticia me dio risa. Me hubiera gustado mucho tener una niña, eso lo sabe todo quien me conoce. Pero soy madre de dos chicos. No uno, ¡dos!

También es cierto que aunque no es lo que esperaba, es lo más asombroso y espectacular que ha sucedido en mi vida, ser madre de estos dos preciosos pequeños.

Mi deseo y mi realidad hicieron que me cuestionara mi forma de ver los roles de género y que me liberara de los prejuicios con los que crecemos y nos desarrollamos.

Supongo que la maternidad cambia mucho nuestra visión de las cosas. Pero sí, aunque quería una niña, no cambiaría a mis hijos por nada, y desde el primer momento que los cogí en brazos lo tuve claro.

En mi caso el sexo del bebé era simplemente una preferencia. No es el caso de Heather y Robie Wilhelm-Routenberg, una pareja de lesbianas que vive en Nueva York y está demandando a la clínica de fertilidad porque el bebé que tuvieron es un niño y no una niña. Ellas dicen que para ellas era una necesidad.

Heather dice que Robie y ella solo querían tener niñas. Que ella sufrió hace unos años dos agresiones sexuales de parte de dos hombres, y por eso no quería tener nada que ver con el género masculino.

Asegura que en la clínica de fertilidad le aseguraron que podía escoger el sexo de los embriones (algún día podremos debatir sobre lo ético que resulta esto, lo mismo que nos escandalizan los nacimientos selectivos en India, con el aborto de las niñas), algo que en España está prohibido.

Pero en la ecografía de la semana 14, estaba claro que el bebé, producto del método ROPA, era un chico.

«Nuestras mandíbulas cayeron al suelo. Estaba convencido de que tenía que ser el resultado de otra persona. Miré a Robbie y dije: «¿Qué pasa si no es tuyo, quién está en mi cuerpo?» Fue entonces cuando enloquecí, fue cuando sentí que mi cuerpo era tomado como rehén. Supuse que era el embrión de otra persona, no el embrión equivocado nuestro.

Me asustó muchísimo. No sé cómo explicar esto, sentí que había un extraterrestre viviendo dentro de mí. Le dije a Robbie: «Si este es el hijo de otra persona, tendremos que devolvérselo.

No solo el bebé en mi cuerpo no era nuestro, sino que el bebé en mi cuerpo era masculino y lo pusieron allí en contra de mi voluntad, como una violación.

Empecé a tener flashbacks: estaba esperando en la cama, que es lo que estaba haciendo las dos veces que me agredieron».

Pero siete semanas después, cuando hicieron las pruebas, descubrieron que no era un embrión equivocado. Era su bebé. Solo que era un niño y no una niña.

«Estaba tan furiosa. Se sentía como una profunda traición. ¿Cómo diablos te equivocas tanto? Mientras tanto, nuestra familia y amigos estaban todos muy felices. Nadie entendió la complejidad de mis sentimientos. Eso fue lo que más me aisló: que teníamos un bebé sano, pero no tenía conexión emocional y ahora tenía que pensar en tener un hijo para siempre que no estaba planeando. Durante todo el embarazo, no pude conectarme con el bebé. Odio decir eso. Es doloroso. Fue una experiencia terrible».

En la semana 27 Heather comenzó a sangrar porque sufrió un desprendimiento de placenta, «que luego descubrí que le sucede a alguien que ha sufrido un trauma físico o estrés».

Tuvo que hacer reposo, pero solo deseaba que le sacaran al bebé, incluso evitaba hablar de él.

«Nuestro hijo nació en diciembre de 2020 y fue colocado en incubadora. Fuimos a verlo todos los días durante 19 días. En casa, estaba tratando de amamantarlo, pero era muy difícil. Quería una conexión piel con piel, pero terminé usando cosas para que no me tocara el pecho. Cuando lo hizo, envió ondas de choque eléctrico a través de mí.

Empecé a experimentar una ansiedad extrema. Miraría al bebé y se contorsionaría en los rostros de todos estos hombres adultos que conozco. Fue tan espeluznante. Cada vez que eso sucedía, tenía que darle el bebé a Robbie.

Literalmente pensé que me estaba volviendo loca. Hubo varios incidentes de ideación suicida, algunos de los cuales fueron muy peligrosos. Tuve depresión posparto compleja.

El bebé tiene un año y medio ahora, y pienso en el error todo el tiempo. Es un niño encantador. Sonríe como Robbie, tiene los hoyuelos de Robbie y eso lo hace más fácil. Nuestro hijo está hecho de magia. Hace las cosas para ser gracioso: usa ciertos tonos de voz y se ríe para hacernos reír a carcajadas. Es hilarante, y ha sido un bebé fácil.

Creo que nos conectamos en nuestras similitudes: es un niño muy compasivo. Solía ​​llevarlo al jardín cuando estaba en mi barriga y decirle lo que estaba plantando, y ahora ambos amamos los árboles y los dos amamos a los perros. Siento que lo conozco y cómo se siente. Cuando somos solo nosotros, ¡es increíble! pero cuando estamos en el mundo, él es un símbolo de algo, siendo socializado como las mismas personas que me hicieron cosas malas».

Su denuncia contra CNY, la clínica de fertilidad, incluye cargos de incumplimiento de contrato, negligencia médica y agresión.

Claramente Heather tiene un trauma no resuelto por las agresiones sufridas. Esperamos que eso no afecte el desarrollo de su pequeño hijo, que es completamente inocente de estos hechos, y el que su género sea masculino no significa en lo absoluto que tenga que ser un machista agresor.

Fuente: Madres Lesbianas, Portal Diverso Ecuador

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