Una historia de amor lésbico en preciosas imágenes

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Camila y Ángela se conocieron en la universidad, no eran amigas pero cada una sabía muy bien quien era la otra. Fue en una fiesta donde hablaron por primera vez. Camila le pidió a Ángela si podía llevarla a casa en su coche. Pero Ángela le contestó: “lo siento flaquita, voy llena”. Ese rechazo con estilo, como le llama Cami, no solo le llamó la atención, sino que también ¡le encantó! No estaba acostumbrada a recibir un «no». Desde ese día no dejaron de hablar. Y las cosas fueron bastante bien… tanto que hace unos meses se casaron, firmaron el acuerdo de unión civil en Concepción, Chile. 

Camila y Ángela nos enviaron su historia de amor para compartir con nuestros lectores y lectoras, historia y fotografías de indudable belleza.

Pasó el tiempo, los años y un día de enero, cuando ya llevaban varios meses conversando sobre su futuro juntas, Ángela le preparó una sorpresa a su novia. Ange tuvo todo el día a su futura mujer buscando pistas en la casa de sus amigos y familia, luego se dirigieron a visitar su nueva adquisición, un terreno que habían comprado en septiembre, ahí siguieron las sorpresas y cuando finalmente Cami iba llegando al lugar esperado, ya no podía ni ver por las lágrimas que caían de felicidad. Su canción preferida comenzó a sonar y la condujo directamente a su chica, que estaba esperándola entre guirnaldas de luces. Y así, en medio de la canción “Me reparto en ti” de la banda Dulce y Agraz, las novias se comprometieron con un anillo de oro blanco.

“Fue maravilloso, ridículamente increíble, hubo tanta gente involucrada en la pedida de mano que desbordaba emoción donde fuéramos. Se concretó en nuestro terreno camino a Florida, en un bosque hermoso iluminado por un caminito de velas», cuenta Camila.

Y así empezó la organización que les tomó 6 meses. Primero definieron el estilo que querían para la celebración, decidieron que su ambiente favorito estaría determinado por el tema “orgánico”. También definieron la cantidad de invitados y decidieron qué proveedores querían que los ayudaran a llevar a cabo ese día tan especial. Cada día después del trabajo se dedicaban constantemente a crear pequeños detalles que reflejaran su personalidad y la importancia de cada uno de los invitados en las vidas de ellas. Y de esta manera, redactaron el libreto con los tiempos, la coordinación de la música, los discursos, agradecimientos, entre otros.

El 9 de julio pasado, ya en el altar, cada una leyó los votos, y los ojos de ambas se iluminaron de emoción y amor, se entregaron las argollas y, como parte de un ritual personal, plantaron un árbol, que más bien fue simbólico, éste estaba en un macetero gigante, donde lo regaron y le echaron tierra.

“En general fue todo muy emotivo, la gente que nos acompañó era la precisa, nos respetan y quieren como somos, sentimos su buena energía y cariño en esos momentos», declararon las novias.

Fuente: Revista Oveja Rosa, Portal Diverso Ecuador.

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