#Argentina| Viviana Avendaño: lesbiana, feminista y piquetera

“Soy lesbiana, soy feminista… y soy piquetera”: así se definía Viviana Avendaño. Poco antes del Terrorismo de Estado también fue la presa política más joven de la provincia de Córdoba. Falleció el 10 de junio de 2000, a los 41 años, junto a su compañera Laura Lucero, en un sospechoso choque en el contexto de un conflicto social.

“Era petisa, morochita y ruluda. Por eso le habíamos puesto la Cordero”, le dijo Marcelo Iturbe a Alexis Oliva, el periodista que reconstruyó la vida de Avendaño. Y que a partir de testimonios y archivos, reconstruyó también una serie de luchas emblemáticas que hacen a la biografía de esta activista en “Todo lo que el poder odia” (editorial Recovecos): la historia de “la negra”, de “la Vivi” y de tanto apodos cariñosos.

Iturbe es otro ex preso político, que militó en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT-RP) y de la Juventud Guevarista. Con esta organización Viviana fue detenida por primera vez en su vida. Tenía 16 años, todavía faltaba un año para el 24 de marzo de 1976 cuando ella y dos compañeros robaron primero un auto y después pintura roja. Necesitaban todo esto para conmemorar la muerte del Che. “Perdoname, pero necesitamos el auto. No hagas la denuncia por dos horas, que nosotros te lo vamos a devolver”, dijo Viviana. Y después, cuando la detuvieron, le advirtió a la policía: “Nosotros no somos ladrones comunes”. Así fue como se convirtió en la más joven de las presas políticas, relata el libro de Oliva. 

Detenida en el D2 (Departamento de Informaciones de la Policía de Córdoba), cuentan que desde las celdas de castigo cantaba: “Jugo de tomate frío, en la venas deberás tener”. “¿Dónde se ha visto que a una chichí de Villa El Libertador en vez del cuarteto le guste el rock?”, le gritaba Norma San Nicolás una hoy ex presa política y militante de la Juventud Peronista, cuyo testimonio forma parte del libro. “Siempre fue rockera, bien afro y a veces se ponía una vincha. Era la presa política más joven”. Viviana pasó por la Unidad Penitenciaria Nº1 y después a Villa Devoto, en Buenos Aires. 

Allí tuvo su primera relación lésbica. “Se enamoró mucho de una compañera con la que compartía la celda o el pabellón. Ellas, que eran militantes de la JG, informaron a su dirección en la cárcel que estaban enamoradas y estaban en pareja, y la dirección del PRT las dividió. Una fue a un pabellón y otra a otro. Y no se volvieron a ver durante varios años. Eso la llevó después a esa cuestión hermética, de nunca contar de sus relaciones”, compartió Klaudia Korol ex dirigente de la FJC y el PC y una de las creadoras del viraje revolucionario del partido y amiga de Viviana.  En aquellos años, la homosexualidad era vista como una de las situaciones que las volvía vulnerables, un amor que en manos del enemigo era herramienta para extorsión. Así que durante mucho tiempo optaron por el silencio. 

El libro de Alexis Oliva se siguió escribiendo incluso después de impreso. En una presentación, una señora con bastón de pronto pidió la palabra y contó que ella había estado detenida con Viviana en Devoto. “El lesbianismo, era terrible. Entre nosotras estaba prohibidísimo. Eran épocas en la izquierda, en Cuba y en todos lados, que (consideraban) estabas ‘enfermo’. Además, era un ‘error moral’, era pasible de sanción. Viviana discutía eso, no a calzón quitado, porque no había el espacio para discutir ciertas cosas”, dijo Liliana Teplitzky en ese encuentro. 

Mirala a esta lesbiana opinando así”

Después de haber pasado 5 años y 6 meses detenida, Viviana quedó en libertad el 6 de abril de 1981. Tuvo además una hermana desaparecida por el Terrorismo de Estado, Juana del Carmen Avendaño. 

Nunca más dejó la militancia, pero incluso en la “izquierda arcaica” no era nada fácil ser no-heterosexual. Así lo contó José Bollo, quien fue dirigente comunista y secretario general del PC de Córdoba entre 1995 y 2000: “En esos años 86 y 87, la condenaban de una manera baja y cobarde, porque no tenían huevos para decirle: “Negra, ¿qué opinás sobre determinado tema sexual?”. Era una cuestión de pasillo. “Mirala a esta lesbiana opinando así”.

Después de viajar a Moscú a formarse, volvió a Argentina y compartió su vida con Marilén Benítez. Fue otro gran amor en su vida. Sus adversarios políticos internos a su grupo de camaradas y amigas las llamaban “las tortilleras de la Fede”. Y si a su primera relación se la había quitado una decisión política, esta se interrumpió con la muerte de Marilén, en 1989. 

De las primeras en el PC que se asumió lesbiana”

En aquellos tiempos, a Viviana en algunos espacios “no la querían porque metía mucha discusión y rompía los esquemas de la tradición comunista. En realidad, no rompía nada: revolucionaba para cambiar”, dijo Bollo para el libro de Oliva. Isidoro Gilbert en su libro La Fede – Alistándose para la revolución lo explica así: “En la FJC a veces se hacía la vista gorda frente al conocimiento de muchachas gays, pero se buscó no promoverlas en la organización”.

Si bien la dictadura había pasado, el castigo a las identidades no-hetero seguían vigente. Y más aún pesó sobre Viviana cuando optó por visibilizar su identidad sexual lésbica. Entonces debió pagar el costo de ser marginada en el ámbito político-partidario. “Ella fue una de las primeras que dentro del PC se asumió como lesbiana. Esa fue otra transgresión hacia el interior de esa cultura todavía dogmática”, dice Claudia Korol en el libro. Y Viviana no solo lo enunciaba, también lo militaba. En 1990, Viviana asume públicamente su identidad sexual e inicia su militancia en el movimiento de lesbianas feministas, reconstruye Oliva. 

Las idas, las venidas, los acuerdos y sobretodo los desacuerdos y rechazos por parte del partido a su ser lesbiana, también los amores y desamores, llevaron a Viviana a San Marcos Sierra. En su biografía aparecen otras mujeres con las que se vinculó, como María Alejandra, Verónica, la mujer de la santería con la que se mudó mientras le prestaba su departamento a un amigo VIH+, hasta que llegó Laura Lucero. Varios meses antes de conocerla, en 1999, Viviana junto a un grupo de militantes habían armado el centro de educadores populares Juana Azurduy en Villa Carlos Paz. A partir de esta experiencia, recorrió el monte chaqueño alfabetizando. Después, en un Encuentro Latinoamericano de Cooperación, conoció a Laura.

Viviana y Laura Lucero

Viviana piquetera

Con el nuevo milenio, la vida de Viviana parecía demasiado tranquila, cuando llegó una nueva oportunidad de militancia: la defensa de los desocupados de Cruz del Eje. Empezó a habitar la carpa blanca del reclamo, hasta que un día y ante el rumor de corte de ruta, llegaron los medios de comunicación. No había nadie para hablar. Viviana había ido con Laura y preguntó cuáles eran los reclamos que querían exponer. A viva voz los compartió, y cerró con la potencia que le daban tantos años de militancia: “Nos mantenemos en estado de asamblea hasta nuevo aviso”.

Foto: Julio Albornoz

El 8 de junio la policía reprimió. Al día siguiente, mucha más gente volvió a la ruta. Como cabeza de hidra, las personas se multiplicaron. Hasta ahí se acercó para cubrir la noticia el periodista Alexis Oliva: “No la conocí, la vi en pleno corte de ruta el día antes de su muerte. Me impresionó la claridad al escucharla hablar, el rol de organización que estaba jugando”. No llegó a charlar con ella. Al otro día, el 10 de junio de 2000, un accidente automovilístico terminó con su vida y la de Laura.

Queda poco material filmado de sobre sus intervenciones, pero en un video se la puede ver un día antes del choque. “Estamos en asamblea. No vamos a pasar la vida acá, mirándonos la cara. Estado de asamblea es ir, ver lo que se está haciendo, volvernos a reunir cada vez que sea necesario”, brama una Viviana Avendaño en uso de la potencia y la palabra. La marea humana que la oye, bufa e intenta decir que no. Pero ella pide que esperen, retoma y cierra: “la única forma de obtener más es mantenernos en un estado de movilización. Y el estado de movilización no es estar parados acá”.

Foto: Carola Murúa

Su amiga Eugenia Ferrer, productora audiovisual, la recuerda así: “Éramos muy escandalosas. Siempre nos retaban en los grupos de educación popular de los que participábamos, porque nos reíamos a las carcajadas. Ella era así, cero cuidar las formas. Tenía un humor ácido que mí me encantaba. Te podía decir las peores cosas riéndose, ironizándote, era difícil que te enojaras”

“La Vivi fue la personas más alegre, más comprometida, más visceral y coherente con sus búsquedas que he conocido”, es lo que respondió Eugenia Ferrer cuando Agencia Presentes le preguntó por su amiga. 

“¡La mató la policía!¡Hijos de puta!”, escuchó gritar en el Hospital Regional Aurelio Crespo. “Ese grito fue el disparador de mi primera motivación para investigar esa muerte”, dice Oliva. Desde el epílogo de la biografía, el cronista cuenta que en las jornadas previas a su muerte, Viviana estaba siendo seguida y amenazada. Y que el poder político y la policía de Córdoba conocían su historia de militante revolucionaria y la habían “rotulado” de infiltrada. Esa palabra no lo identificaba a ella ni a como la veían.

De su velorio, José Bollo, graficó: ” Recuerdo la gestualidad, la humildad y el amor con que tomaron ese cajón las mujeres de Cruz del Eje. No se lo dejaron agarrar a nadie: ‘La llevamos nosotras’. Y lloraban y hablaban de ella como si hablaran de Agustín Tosco o Atilio López”. Viviana no era una infiltrada, era una líder carismática y llena de fuerza. 

Fuente: Agencia Presentes, Portal Diverso Ecuador.

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