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Cuatro puntos de trabajo sexual gay en Quito

Decenas de trabajadores que ofertan servicios masculinos salieron a las calles de Quito a laborar. Se ubican en las esquinas de la Plaza Foch o en las inmediaciones del Puente de El Guambra. Otros están en los centros de diversión nocturna localizados cerca de la Plaza Artigas. Hay otro grupo que permanece en la Plaza de la Independencia. Esas zonas son identificadas como espacios en donde se ejerce servicio  masculino, según el mapeo realizado por la organización HTS Goover. Su representante, David González, calcula que en la capital existen aproximadamente 300 hombres que se dedican a esa actividad, sin contar a los extranjeros que también lo hacen y se han incrementado en los últimos años. Ellos comienzan su trabajo a las 21:00 y terminan pasadas las 02:00. ¿Quiénes son sus clientes? La mayoría, hombres y un bajo porcentaje corresponde a mujeres. Eso depende del sitio en donde se encuentran. Se llaman “gigolos” los que solamente tienen intimidad con señoras o chicas, precisa González. Ellos están cerca de la Plaza Artigas.

La noche del viernes, un trabajador que oferta servicios masculinos contó sus experiencias a este Diario. Se llama Darío, de 32 años, un ingeniero químico venezolano que llegó al Ecuador hace ocho meses. Admite que en su país también se dedicó a eso para mantener a su esposa e hija de 9 años. Mensualmente, él atiende a un promedio de 16 clientes. De ellos, el 70% es hombre, de entre 30 y 45 años, generalmente casados y profesionales, que buscan tener encuentros íntimos. El resto es mujer. “Mensualmente, mis ingresos varían. Cuando hay bajas ganancias percibo USD 600. En los mejores momentos gano entre USD 1000 y 1200”. Asimismo, se contactan con gente por redes sociales, en donde cuelgan sus fotografías y no muestran sus rostros. En otras ocasiones, se paran en las esquinas a la espera de que llegue algún interesado en contratarlos. A simple vista, ellos lucen como cualquier joven que sale a divertirse en la Plaza Foch y sus alrededores. Su ropa no es llamativa: visten jeans, una chompa abrigada, camiseta y zapatos deportivos. Siempre llevan una mochila, lo cual los mimetiza entre la gente como si fueran estudiantes universitarios. En la organización HTS Goover se compilan las experiencias de los trabajadores que ofertan servicios masculinos. González cuenta que hay toda clase de gente que los busca. Unas personas lo hacen solo por tener intimidad. Otras para conversarles su vida y desahogarse mientras toman un café o licor. Se reúnen en hoteles y hostales.

La tarifa por cada encuentro varía entre USD 30 y USD 200, dependiendo el cliente. Los viernes y sábados son los días de más trabajo. Cuando tienen encuentros con mujeres, que son pocos, ellas son casadas o divorciadas. “La última que estuvo conmigo fue una de 38 años que se había separado de su esposo, quien viajó a España y se sentía sola”, señala Darío. En el mapeo, la organización HTS Goover identificó al Parque El Ejido, junto al Puente de El Guambra, como uno de los sitios donde frecuentan. A la Plaza de la Independencia, en cambio, acuden quienes son de bajos recursos económicos. Otra estrategia para conseguir clientes es visitar las discotecas y “enganchar” interesados en contratar sus servicios.

 

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